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El Archivo Real y General de Navarra recuerda al músico Joaquín Larregla en el 75 aniversario de su fallecimiento

En la micro exposición del mes de junio se muestran documentos sobre sus primeros años de profesión y varias partituras de su obra

Retrato de Joaquín Larregla

El Archivo Real y General de Navarra dedica su microexposición del mes de junio, dentro del Ciclo Personalidades, al compositor y pianista Joaquín Larregla (Lumbier, 1865 – Madrid, 1945), cuando se cumple el 75ª aniversario de su fallecimiento. La muestra incluye retratos, fotografías,  algunas partituras de sus obras más conocidas y diversos documentos relativos a su vida.

La microexposición “75º Aniversario del fallecimiento de Joaquín Larregla (1865-1945)” es una muestra de pequeño formato, de acceso libre y gratuito, que permanecerá abierta durante el mes de junio,  todos los días de 10:00 a 14:00 y de 17:00 a 20:00 horas, en la galería baja del Archivo de Navarra.

Se ha podido organizar gracias a la aportación de fondos que forman parte del programa Archivo de la Música y de las Artes Escénicas de Navarra. Es el caso de un retrato fotográfico de gran tamaño perteneciente al fondo de Los Amigos del Arte, un disco de pizarra con la jota procedente de la colección discográfica reunida por Natalio Cayuela y varias partituras como “Siempre P’alante”, “Himno a San Francisco Xavier” o “¡Viva Navarra!”, pertenecientes a los fondos del archivo del Orfeón Pamplonés, al fondo Sivanio Cervantes y al fondo de la Familia Huarte.

La mayor parte de estos materiales documentales se custodian en el Archivo Real y General de Navarra, por donación de sus propietarios, mientras que el archivo del Orfeón Pamplonés lo hace en régimen de depósito.

Biografía de Joaquín Larregla

Joaquín Larregla nació en 1865 en Lumbier. Desde su infancia sintió afición por la música, razón por la que compatibilizó sus estudios de Bachillerato, en el Instituto Provincial de Segunda Enseñanza de Pamplona, con los de piano en la Escuela Municipal de Música de la capital navarra.

En 1881 su padre, Domingo Larregla, visto el talento de su hijo y a fin de que pudiera proseguir estudios musicales en el Conservatorio Nacional de Música de Madrid, se dirigió a la Diputación Foral y Provincial de Navarra para solicitar una subvención. En la instancia, que se exhibe al público en esta oportunidad, afirma que su hijo, además de tener una decidida pasión por la música, era “un verdadero genio, según expresión de los inteligentes”.

Para respaldar dicha afirmación presentó sendos certificados expedidos por Mauricio García, director de la Escuela de Música del Ayuntamiento de Pamplona, y por Joaquín Maya, director de la orquesta de Santa Cecilia. Éste último dice en su certificado que Joaquín Larregla “ha demostrado poseer una organización especial para la música”.

Tramitada la solicitud, la Diputación Foral de Navarra acordó concederle una pensión de 2.000 reales para sus estudios en Madrid.

Joaquín Larregla adquirió pronto gran prestigio como intérprete, tanto dentro como fuera de España. Así mismo, participó en la vida musical pamplonesa, dinamizada entonces por Pablo Sarasate y entidades como la Sociedad de Conciertos Santa Cecilia y el Orfeón Pamplonés.

Precisamente el vínculo especial que el músico de Lumbier mantuvo con esta última entidad le llevó a dedicarle una composición, de cuya letra se encargaría su amigo el poeta y dramaturgo Eusebio Blasco Soler. La idea de ambos era tener lista la obra para los Sanfermines de 1898, tal y como Larregla explica en una carta manuscrita dirigida al presidente del Orfeón Pamplonés, también incluida en la muestra.

La obra no pudo ser concluida a tiempo y, finalmente, la composición, una jota navarra para coro y orquesta, vio la luz al año siguiente con el título “Siempre P’alante”.

Larregla también adquiriría notoriedad por la creación del “Himno a San Francisco Xavier”,  con el que ganó el concurso organizado por la Diputación para dotar a la festividad de San Francisco Javier de una composición musical.

Sin embargo, la obra que probablemente mayor fama proporcionó al maestro Larregla, tanto en vida como después de su muerte, sería ¡Viva Navarra!. Esta obra, una jota compuesta en 1895, adquirió una enorme popularidad. Hoy día es una de las piezas más reconocibles por el público de la música clásica española. Con esta partitura finaliza precisamente la muestra conmemorativa del 75º aniversario del fallecimiento de músico y compositor navarro.

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